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BIENVENIDOS



Los consagrados de Theleme empleaban su
vida, no  en atenerse a leyes, reglas o estatutos,
sino en ejecutar su voluntad y libre albedrio.

Levantabanse del lecho cuando le parecía bien, y
bebían, comían, trabajaban y dormían cuando
sentían deseo de hacerlo. Nadie les despertaba,
ni le forzaba a beber; o comer; ni a nada.

Así lo había dispuesto Gargantúa.

La única regla de la orden era ésa:
HAZ LO QUE QUIERAS” 


Y era razonable, porque las gentes libres, bien nacidas
y bien educadas, cuando tratan con personas
honradas, sienten por naturaleza el instinto y
estímulo de huir del vicio y acogerse a la virtud.
Y es a esto a lo que llaman honor.

Pero cuando las mismas gentes se ven
refrenadas y constreñidas, tienden a revelarse y
romper el yugo que los abruma.

Pues todos nos inclinamos siempre a buscar
lo prohibido y a codiciar los que se nos niega.